Dichoso Pigmalion

“Un escultor llamado Pigmalion se enamoró de Galatea, una de sus creaciones, a la que trataba como una mujer real. El mito continúa cuando la estatua cobra vida apareciendo así la profecía autorealizada”

Desde pequeño he estado jugando al baloncesto en los equipos del colegio, en la Universidad y ahora con amigos en la Liga de Getafe. Nunca nada serio, siempre más cerca de la mera diversión que de la competición o cualquier signo que irradiara profesionalidad. Sin embargo, en todos los equipos en los que he participado se ha podido ver el efecto Pigamalion en los que se veía cumplida las autoprofecías. Si creíamos o se creía que un compañero es buen jugador era más probable que ese compañero realizara un buen partido. Por el contrario, si alguien tenía colgado el cartel de torpe, lento o similar, rara vez cuajaba alguna actuación importante en un partido. En la actualidad, con más de 30 años, seguimos viendo este efecto en el equipo y en los partidos que jugamos. El que se cree que es más lento o no tiene tantas habilidades al final termina jugando menos minutos, no hay jugadas ensayadas para él,no recibe tantos balones; en el momento que falla dos pases seguidos se le cambia porque… “claro, no podemos arriesgarnos a perder el partido jugando con el torpe” aunque eso signifique que se quede en cancha otro jugador que ha perdido 5 balones pero todos pensamos que es el mejor del equipo. El torpe seguirá creyendo que es torpe y se reforzará en esa creencia porque será muy difícil que juegue los minutos decisivos o realice un buen partido.

Recuerdo una situación en la que uno de los que considerábamos “el malillo del equipo” tuvo que salir a jugar porque un día teníamos muchas bajas y a mitad de partido estábamos algunos lesionados o eliminados. Cuando salió sinceramente pensé “si estamos perdiendo por 10, terminamos el partido perdiendo por 25”. ¡ Qué equivocado estaba! Gracias a “el malillo” ganamos el partido por sus triples, su defensa y su visión de juego. Se sintió importante en el grupo y los siguientes partidos fueron muy similares al último. Con el tiempo estoy convencido que si hubiéramos contado más con él en otros partidos anteriores, ese año habríamos terminado más alto en la clasificación.

¿Qué cambió en el juego de “el malillo” de un partido a otro? La respuesta es : NADA. Lo único que había cambiado era la creencia por parte del resto de compañeros que el malillo  era importante para el equipo y podía aportar grandes cosas. Él también se lo terminó creyendo y el resultado fue verdaderamente espectacular.

En el mundo del deporte profesional vemos continuamente este fenómeno. Jugadores ensalzados mediáticamente por la prensa sin haber demostrado aún nada extraordinario o grandísimos futbolistas pitados por la afición o sentados en el banquillo por su entrenador que nunca hacen un buen partido. El último ejemplo que me viene a la cabeza es el de Jeremy Lin, jugador  de origen taiwanes de los New York Knicks de Baloncesto. Estuvo 2 años sin apenas jugar en equipos de la NBA. Nadie lo quería pero  bien entrada la temporada tuvo su oportunidad por la lesión de otros compañeros y sorprendió al mundo entero con sus actuaciones siendo hoy una pieza clave en los Knicks. ¿Se estarán tirando de los pelos los equipos y entrenadores que lo dejaron escapar?

¿Crees que hay algún Jeremy Lin en tu empresa o en tu departamento? ¿Tienes catalogado a alguien como “vago”, “inepto”, “desordenado”…?

Trata de buscar conductas y actitudes en esa persona  que sean contrarias a tus creencias. También, puedes fijarte en  las conductas por las que catalogas a ese alquien como irresponsable o vago y buscarlas en alquien no etiquetado de esa manera.  Seguro que ves muchas cosas que te harán cambiar tu punto de vista.

Dejo un enlace de un experimento en aula con niños en el que se  entiende claramente el efecto Pigmalion

 http://www.csi-csif.es/andalucia/modules/mod_ense/revista/pdf/Numero_28/INMACULADA_BANOS_GIL_01.pdf

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