¿Cómo te llamas?

A través de este blog, mi amigo Ángel me recomendó el libro “Cómo ganar amigos e influir en las personas” de Dale Carnegie. Es un libro que siempre tenía en mente leer, pero cuando veía algún resumen por internet no pensaba que fuera a aportar nada diferente. La verdad que el libro no dice nada nuevo, aunque por la fecha en qué fue editado tendría que decir que los otros no dicen nada distinto al libro de Carnegie; sin embargo la forma en la que está narrado , los ejemplos y situaciones en las que se van aplicando las “leyes de Carnegie” para influir en las personas y ganar amigos consigue que interiorices el libro y estés deseoso de que tengas ocasión de aplicar alguna de estás reglas. Son reglas muy sencillas y repetidas hasta la saciedad pero que muchas de ellas no terminamos de ponerlas en práctica, reglas como: “sonría”;” haga que la otra persona se sienta importante”; “no critique ni se queje”; “anime a las otras personas a hablar de si mismos”, llevaron a grandes políticos de la Historia, a empresarios con éxito en los negocios o  a simples padres de familia a influir en las masas del electorado, en los clientes o en sus hijos para que todos ellos hicieran realmente lo que estas personas querían.

Una de las reglas más sencillas y fáciles de aplicar es la que hace referencia a las maneras de agradar y que anima a decir el nombre de nuestros interlocutores: Recuerde que para toda persona su nombre es el sonido más dulce e importante en cualquier idioma”  A través de los ejemplos asumes lo importante de decir el nombre y las puertas que te pueden abrir. A día de hoy, es fácil que nos olvidemos de los nombres de las personas y nos justifiquemos con  un ” soy muy malo para los nombres pero nunca olvido una cara”. ¿Cuantos jefes podrían haber influído más en su plantilla aprendiéndose el nombre de pila de sus colaboradores, por mucho que estos fueran 50 ó 100 y no trabajes a diario con ellos? ¿cuántos comerciales podrían haber superado más fácilmente el filtro telefónico de las secretarias/os de los Directores si se hubieran aprendido en la primera llamada el nombre de la persona que coge inicialmente el teléfono?

Hagamos un esfuerzo por aprendernos el nombre de la otra persona y utilicémoslo de manera natural. Personalmente a la hora de realizar entrevistas de trabajo para seleccionar candidatos  y más si estos tendrían responsabilidades comerciales o de gestión de equipos, el hecho que en toda la entrevista la persona no me haya llamado  por mi nombre ninguna vez excepto al saludarme ha ayudado para decantarme por otro finalista. Así mismo, personas que emplean tu nombre hasta desgastarlo pueden crear una sensación en el receptor de adulación, consiguiendo finalmente el efecto contrario al pretendido. Empleemos por tanto el nombre de la otra persona de manera natural, no escribamos ningún mail sin empezar con el nombre del receptor del mensaje; cuando llamemos a un call-center para contratar/darnos de baja/poner una queja sobre un servicio no nos aprendamos únicamente el nombre del teleoperador que nos coge el teléfono para decir  en otra llamada” su compañero Ramón, su compañera Alicia, me prometió que el Servicio Técnico no tenía coste” . Utilicemos su nombre para saludarle, para hacerle ver que entendemos la postura de la empresa, o para despedirnos, nos ayudará a que la persona al otro lado del teléfono empatice con nosotros, o como poco , a hacerle sentir importante y agradecido por un momento.

Este aprendizaje del nombre propio de otras personas y de utilizarlo a conveniencia puede servir para tratar de influir sobre los árbitros en los partidos que disputamos en las competiciones locales amateur o a nivel profesional. No es lo mismo dirigirte a la persona  que toma las decisiones en el partido como “árbitro, árbitro… ” que como ” Miguel, Sr. López,…” ¿no creéis que se estará más predispuesto a escuchar en el segundo caso?. Esto mismo, entre otras muchas cosas, trataba de inculcarlo el gran Luis Aragonés a los jugadores de la Selección Española en la Eurocopa de 2008. En este pequeño video, Luis también hace referencia a otra regla de Dale Carnegie de “Hable pensando en lo que le interesa a los demás” cuando pide a sus jugadores que hagan algún gesto de complicidad al árbitro ya que éstos, como aficionados al fútbol que son , le gusta sentirse valorados o reconocidos por los jugadores internacionales admirados por millones de personas.

Seguro que por llamar al juez de línea por su nombre Luis Aragonés no consiguió que dejarán de señalarle un fuera de juego, o a Cesc no le pitaron ningún penalti injusto por darle una palmadita al árbitro, pero es muy probable que con estos pequeños actos el árbitro fuera más dialogante, más condescendiente a la hora de sacar tarjetas, o permitieran que Luis saliera fuera de la zona técnica para dar instrucciones más claras a los jugadores. Todos estos gestos suman para influir en los demás, por lo que tengámoslos en cuenta si queremos conseguir nuestros objetivos.

Anuncios