¡Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir!

PALABRAS DE UN REY.

En nuestro puesto de trabajo son muchas las situaciones en las que puede surgir un conflicto laboral. Malentendidos, roces con compañeros, tener motivaciones y objetivos distintos, y otras situaciones que ocurren en el día a día pueden llevar al equipo de trabajo a un distanciamiento que, si no se remedia a tiempo, crearán diferencias insalvables. Muchas de estas situaciones derivan del orgullo profesional que todos poseemos (si realmente quieres herir a alguien dile que no es profesional en su trabajo). Este orgullo nos dificulta a la hora de reconocer nuestros errores y equivocaciones  y hará que empecemos a buscar justificaciones de nuestra actuación o mal desempeño: “No me dieron toda la información; pensaba que otro era el responsable; me ha llevado más tiempo del que pensaba; no me critiques porque tú el mes pasado hiciste algo peor…”. Estas justificaciones  de nuestros errores producirán en la otra parte un convencimiento aún mayor de llevar razón, desencadenando esta situación en un conflicto entre las partes que influirán negativamente en el desempeño y la consecución de resultados.

Aunque algunos conflictos pueden resultar positivos, pongamos de nuestra parte para evitarlos y empecemos a reconocer nuestros errores ya que así llegaremos antes a un punto de entendimiento. Si lo hacemos estamos dando la razón a la otra persona e incrementamos así su predisposición para buscar un acercamiento de posturas. No debemos de olvidar que cualquier persona a la que le demos la razón tendrá un sentimiento de gratitud hacia nosotros. Piénsalo contigo mismo: ¿cómo te sientes cuándo te dan la razón?. ¿Y cuándo te la quitan?.
Buscando el símil deportivo objeto de este blog, en baloncesto, al cometer una falta personal a un contrario muchas veces se levanta la mano en señal de reconocimiento de la infracción cometida. Es un gesto simple que suele pasar desapercibido para público, compañeros, a veces incluso para los contrarios pero que, sin embargo, al árbitro se le puede llegar a quedar grabado sabiendo perfectamente qué jugador alza la mano admitiendo su “error” defensivo, qué jugador nunca lo reconoce, qué jugador hace gestos que manifiestan abiertamente su disconformidad con la decisión del árbitro y qué jugador protesta abiertamente cualquier acción pitada en contra.  Dependiendo de nuestro reoconocimiento de las infracciones defensivas que cometemo, podremos influir en las decisiones de un árbitro y hacer que las próximas, sin dejar de ser justas, resulten más favorable para nuestros intereses.

Cuando un árbitro pita un partido, es consciente de que unas acciones son dudosas, otras las ha pitado bien y otras las ha pitado mal. No obstante, raras veces puede dar marcha atrás a una acción ya señalada. Él tiene la última palabra juzgando el devenir de un partido y si provocamos un conflicto directo con él llevaremos todas las papeletas de salir perjudicados en el juego. Analicemos posibles situaciones que se pueden dar en un partido de baloncesto, fútbol, balonmano al señalar una acción en contra …:

  1. Falta bien pitada y reconocimiento de la falta por parte del jugador.–>El árbitro puede ver un aliado dentro del partido. Tendrás más posibilidades de dialogar con él en los momentos decisivos y en las acciones dudosas.
  2. Falta bien pitada y no reconocimiento de la falta por parte del jugador.–>Pocas posibilidades de diálogo con él en momentos decisivos.
  3. Falta bien pitada y protestas del jugador.–>Cualquier intento posterior de dialogar  no tendrá credibilidad ni crédito.Posibilidades de agravar la decisión con una técnica o una tarjeta amarilla.PROTESTAS
  4. Falta mal pitada y el jugador manifiesta duda y extrañeza pero termina reconociendo la infracción–>Si el grado de disconformidad expresado ha sido el adecuado, el árbitro podrá beneficiarte en próximas acciones dudosas. Si por el contrario se ha sido muy sumiso, al no encontrar el árbitro oposición se corre el riesgo de recibir un arbitraje muy injusto. Esto se suele ver cuando un jugador junior sale a jugar los últimos minutos de un partido de baloncesto. En minuto y medio le suelen pitar 2 faltas personales.
  5. Falta mal pitada y protestas airadas–> Posibilidad de recibir una Falta técnica o tarjeta roja. Cualquier decisión arbitral posterior estará influenciada por esas protestas y ese enfrentamiento.

Por tanto, por nuestro propio interes, no perdamos tiempo en buscar justificaciones y excusas a nuestras equivocaciones. Invirtamos ese tiempo en la búsqueda de soluciones para minimizar las consecuencias negativas de nuestros errores.

Dejo un vídeo en el que el no reconocimiento de Carl English de una cometida está a punto de hacerle perder el partido a su equipo. De ir ganando por 12 puntos a falta de menos de 2 minutos, 5 segundos después solo ganaban por 5. La cara de su entrenador al final era un poema.

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