Perder por perder la concentración

Miles de personas gritando, silbando y murmurando cada vez que se comete un fallo, prensa deportiva dramatizando los errores cometidos en el último partido, acusaciones de dopaje, juicios por la inversa relación entre el desempeño y el  poder adquisitivo (al menos en algunos deportes) ,presión de entrenadores o una situación personal familiar de la que uno no se puede desligar completamente hacen que los niveles de concentración de un deportista fluctúen a lo largo de un partido, una carrera o un entrenamiento. Deportistas amateurs o de deportes minoritarios son sensibles también a muchos de esos factores  añadiendo en estos la presión por conseguir una beca o los pormenores  laborales de cada uno.

De hace tiempo llevamos escuchando  y más desde que empezó la crisis, la poca productividad laboral que tenemos en España, siendo esta producida  por una cultura y horarios de trabajo heredados ,largas pausas y número de cafetitos diarios. Además hemos de añadir todos los distractores que , al igual que un deportista, se nos cuelan en nuestra frágil mente impidiéndonos rendir y tener una productividad con jornadas maratonianas y poca lucidez en los resultados . Pero ¿como hacer frente a distractores en el trabajo  o recuperar la concentración tras un descanso prolongado? y ¿cómo centrarse a la hora de tirar un tiro libre de baloncesto o evitar que mi situación personal ilogo_lincenterfiera negativamente en una competición?

La semana pasada asistí a un Taller de Concentración de el Programa LINCE donde pude aprender una serie de técnicas y pautas para que los pensamientos y los diálogos internos afecten lo menos posible a nuestro desempeño .

Centrarse:

Son muchos los deportistas profesionales que emplean la figura de un coach para que les ayude a alcanzar sus metas profesionales,  al central de la cantera del Barça ,Marc Bartra, le está proporcionando una gran fortaleza mental el contar con uno los últimos años. Porque ¿Qué podemos hacer para mantener alto un nivel  de concentración durante todo un partido, una carrera o un ejercicio gimnástico? Si entrenamos la técnica, la resistencia física o estudiamos la táctica y al rival, ¿no parece obvio que también se deba entrenar la mente para conseguir mejores resultados?

Tenistas que ganan dos sets a cero y terminan perdiendo 2-3, equipos de fútbol que se dejan puntos en los minutos de descuento o equipos de baloncesto que juegan un cuarto horrible tirando por la borda la ventaja obtenida previamente. No es raro ver en el mundo del deporte remontadas increíbles propiciadas la mayor parte de ellas por un bajón mental propio unido a una motivación creciente del rival llevando a una situación de tensión de un final apretado en el que el equipo que viene por detrás  tiene las de vencer.  Las razones principales por la que se producen estas situaciones son varias pero en todas suelen aparecer distractores internos y externos y muy probablemente un parón en el juego (descanso, incidencia, enfrentamiento entre jugadores…) que hace que los protagonistas se vayan del partido. Distractores típicos pueden ser una confianza excesiva que hacen que la meta no sea percibida como retadora, pensamientos catastrofistas provocados por el miedo a ganar (“cómo pierda ahora, ¿es suficiente la ventaja que tengo?, no me pasará a mi lo mismo que a …?”), o una culpabilidad ajena a terceras personas (árbitros, compañeros, público…) son elementos que producen una desvinculación del momento presente  que hacen que no dediquemos el 100% de nuestra atención a la actividad que estamos realizando .

Y en el trabajo; ¿no hemos tenido alguna vez un bajón en nuestra concentración? Aparte de una mejorable gestión de  interrupciones como reuniones imprevistas e innecesarias, correos electrónicos, llamadas telefónicas o las ya comentadas pausas que podemos hacerlas frente gracias a una mejor gestión de nuestro tiempo estamos expuestos a esos miedos que dificultan nuestra capacidad de centrarnos en la tarea y conseguir alcanzar un buen rendimiento en nuestras actividades. Algunos de los más comunes pueden ser:

Miedos y pensamientos rumiantes a la hora de hablar en público o hacer una presentación (“ya verás como me quede en blanco”; “si me preguntan algo que no sé”, “seguro que no les interesa…”) serán transmitidos a la audiencia si no conseguimos dominarlos a tiempo.  Aquí estamos anticipando una situación catastrófica poniéndonos en lo peor de un momento que no ha pasado. Autopreguntarnos y analizar las veces que hemos salido airosos de una situación similar, listar una serie de medidas que ayuden a hacer frente a cada miedo y practicar ejercicios de relajación ayudarán a ganar confianza en nosotros mismos.

¿Perdió la concentración el Real Madrid de Baloncesto después de empezar ganando 27-10 en la final de la Euroliga 2013?

¿Perdió la concentración el Real Madrid de Baloncesto después de empezar ganando 27-10 en la final de la Euroliga 2013?

Interpretaciones del pensamiento de terceras personas conseguirán que nuestro comportamiento y desempeño estén condicionados por nuestra visión personal y no por una visión objetiva de la realidad. (“No me ha enviado el mail porque no quiere compartir la información, actúa así porque es un trepa, mi jefe no me da trabajo porque quiere deshacerme de mi…). Siempre solemos poner segundas intenciones en los demás. El refrán piensa mal y acertarás es un claro reflejo de está distorsión de pensamiento que hace que no nos centremos en la importancia de los hechos. Si detectas que estás interpretando las intenciones de los demás pregúntate por la objetividad real de esas interpretaciones, pregunta a terceras personas  y lista 10 motivos distintos por los que una persona puede actuar de esa manera. Después, decide si tus interpretaciones estaban fundadas. Seguro que el punto de vista ha cambiado considerablemente.

– Esperar que las cosas cambien solas: Pensar que mi rendimiento mejorará si cambian antes el jefe, compañeros, la organización de la compañía o la duración de las reuniones es una falacia que impide que demos lo máximo de nosotros en cada momento. No busques culpables, sino soluciones. Analizar y pensar la capacidad propia para cambiar la situación. Si puedes cambiarlo, hazlo, si no puedes cambiarlo por ti mismo aprende a vivir con ello, organízate y mira las cosas desde otro punto de vista tratando de aprovechar las ventajas de tener un jefe o compañeros como los que tienes, o aprovecha las reuniones para sacar un tema que consideres importante.

Parones en un proyecto: al igual que un jugador o equipo  puede relajarse después del descanso perdiendo toda la ventaja acumulada hasta entonces, si estamos trabajando eficientemente en un proyecto y éste se postpone de manera indefinida, retomarlo con el mismo nivel de concentración y motivación será poco menos que imposible si no tenemos la fortaleza mental necesaria. En el descanso de un partido, un equipo deportivo  o un jugador  se tiene que replantear los objetivos y salir como si el partido acabara de empezar. Si en baloncesto vas ganando por 45-30 , tu objetivo tras el descanso no tiene que ser ganar el partido sino dejar al contrario en 50 puntos o terminar ganando por 20. Tras un parón empieza como si el proyecto fuera nuevo pero aprovecha todo lo que habías avanzado. Es un momento perfecto para corregir los aspectos que no habían quedado claros y ponerte objetivos nuevos que resulten retadores.

Parece lógico que estos pensamientos y situaciones afloren en la mente de todo trabajador y deportista. En ocasiones pueden resultar positivos ya que nos ayudan a mantener un nivel de motivación y de tensión óptimo para el afrontamiento de nuestros objetivos y tareas, pero hemos de saber detectarlos y eliminarlos cuando están más tiempo del deseable interfiriendo negativamente en nuestra concentración. Así mismo, para evitar que factores externos a nuestro trabajo nos alejen de nuestro cometido nos ayudaremos de los ejercicios de atención plena, gimnasia cerebral, técnicas de respiración o creación de anclajes atencionales como los que pusimos en práctica en el taller del Programa LINCE .Éstos, junto con el esfuerzo , la práctica diaria, la actualización de conocimientos y unas buenas habilidades personales hará que conseguimos un alto rendimiento en nuestro desempeño.

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