Enseñar o aprender. ¿Qué prefieres?

“He aprendido a callar más. A veces, dejar al jugador jugar es más importante que ser el señor entrenador”. Quien dice esto es Gregg Popovich, entrenador de los San Antonio Spurs  y ganador de 5 títulos de la NBA. ¿Puede ser parte del éxito? Tener la mente abierta a nuevas aportaciones o simplemente ser consciente que puede haber otros puntos de vista distintos al tuyo, hace que las decisiones sean más ricas y se avance de manera más rápida en busca del objetivo común

La comunicación bidireccional es otro de los muchos valores que lucen más en el papel que en la práctica. Inseguridades y miedo a que quiten el puesto a un responsable se ven reflejados en una falta de escucha al subordinado que se manifiesta de dos maneras:

– Ofrecer argumentos para hacer ver al ingenuo colaborador que su idea no es viable.
– Ignorar y no dar trascendencia a las opiniones del colaborador o compañero.
 Es común pensar que las otras opiniones no nos van a enseñar nada nuevo. El 90 % nos consideramos más inteligente que la media, (está claro que tu y que yo realmente lo somos). Con esta actitud nos perdemos inmensas oportunidades de mejorar, de aprender. Creemos que el otro no nos puede enseñar nada, y si ese otro lo considero menos inteligente o tiene un puesto de menos poder en una organización, sus opiniones van a ser cuestionadas en el mejor de los casos .

Una plantilla deportiva  y un equipo de trabajo, se van enriqueciendo cuánta más personas aportan y participan bajo el orden y la batuta del líder o responsable del equipo. ¿Para que queremos formar un equipo de 10 “personas resolutivas”, si solo toma las decisiones una?  Podemos ser de la opinión que 10 puntos de vista distintos forman un  caos difícil de gestionar. O bien,  que son una oportunidad para plantearse hacer las cosas de manera distinta y más productiva. Pero es que escuchar, es incómodo e implica prestar atención y hacer esfuerzos por entender a nuestro interlocutor. La escucha es una de las carencias más común en las personas.  Aprendemos y nos enseñan a hablar, a escribir, a leer, pero ¿nos enseñan a escuchar?. Seguimos escuchando toda nuestra vida pasivamente, tal y como lo aprendimos en la cuna. Y esto es lo que enseñamos y esperamos que otras personas hagan. viene a ser el “Yo hablo y tu me tienes que escuchar. Tú hablas, y yo mientras, pienso en qué te voy a responder.” Esto lo hacen los comerciales que llevan preparada la respuesta para la objeción del potencial cliente sin pararse a escuchar antes la objección y su verdadera necesidad. Lo hacen los jefes, que piden opinión y luego ignoran las aportaciones de su equipo (Eso sí, al cabo de los meses puede ser que la opinión ignorada,resulte brillante por que se le ha ocurrido a él/ella), en definitiva,  lo hacemos todos nosotros cuándo oímos algo que va en contra de nuestros intereses o creencias.abriendo los ojos

¿Os imagináis un entrenador que critica cualquier jugada que no sigue las directrices marcadas por el entrenador? Sin haber jugado nunca en un equipo profesional, creo que ese entrenador está abocado al fracaso y al aislamiento por parte de los jugadores. Sobre la pizarra se puede tener una estrategia, pero a la hora de tomar decisiones en el campo, lo hablado en el tiempo muerto o en el descanso es un punto más a valorar. Para tomar decisiones, el jugador tiene que hacer una lectura del momento de juego. Tiene que ver si surge una mejor opción que la planteada. Si el contrario está bien preparado para esa jugada. Tiene que tener en cuenta su nivel de confianza, su estado físico, el del compañero y el del contrario. Si no tiene en cuenta todos estos factores, puede que entre a canasta con miedo a que le hagan un tapón; o no se dé cuenta que un compañero tiene un defensor más lento que él y puede sacar fácil ventaja.

Solo  con una mente abierta seremos capaces de escuchar. Seremos capaces de observar. Seremos capaces de ver todos los recursos que tiene un jugador o seremos capaces de apreciar virtudes de trabajadores que normalmente pasan desapercibidos. Solo entonces empezaremos a confiar y dar responsabilidades a nuestro equipo, y solo cuando el equipo vea que su responsable confía en él, será cuándo se crea que puede alcanzar cualquier meta y se obtenga el compromiso  y motivación necesaria para lograrlo.

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