Uno se va.

Se va. Se va después de tener el reconocimiento por los éxitos conseguidos.Se va después de las muestras de cariño mostradas por su gente. Y en parte por eso, ha pillado desprevenidos a todos. Puede que cueste entenderlo si nos basamos en las reglas que guían normalmente nuestras decisiones de cambio: inmediatez, reconocimiento, dinero, seguridad, estabilidad… Es probable que él también se vea afectado por estas normas y se cuestione si realmente ha tomado la decisión correcta. Pero se va. Mejor irse en el momento en que la gente se cuestiona el por qué se va; y no irse en el momento en el que se pregunte el por qué no se fue antes.

Pero aún así, uno se va.

A lo mejor se deja atrás la seguridad y estabilidad de un trabajo estable.Pero aún así uno se va, pudiendo resultar algo inesperado para muchos, incluso para el propio que se marcha. Puede que sea simplemente por mejorar condiciones; aunque eso es una de las normas cortoplacistas que guían muchas tomas de decisiones. O puede que se quiera asumir más responsabilidades, entonces supondrá luchar por aprender y ampliar así tu zona de comfort  (personalmente no quiero salir de mi zona de comfort, prefiero ampliarla). O puede que una situación personal te lleve a hacer un cambio, puede.  O puede que sea por una trayectoria profesional más amplia, algo que  es cierto que se verá con el paso del tiempo. O puede que el interés e ilusión mostrados por quien te ofrece un nuevo proyecto profesional termine por decidir la balanza hacia un cambio. O puede ser simplemente porque te ilusiona empezar algo nuevo y desafiante; a la vez que sigues valorando lo aprendido y vivido con los compañeros anteriores . O porque prefieres cambiar  y dejar entornada la puerta que dejas atrás ; que quedarte y cerrar para siempre la puerta que te han abierto…

Zidane dimite

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